Algarve (Portugal)
A los que nos gusta conducir y viajar en verano es la mejor época por la de horas de luz que tenemos, aunque también es cierto que es la época más concurrida de todo el año.
Quiero contaros mi último viaje, una escapada al Algarve más improvisada que preparada. Pero bueno, yo suelo jugar mucho con la improvisación en todos los sentidos.
Día 1: Sevilla - Lagos
En este viaje salíamos de Sevilla, puesto que nos juntábamos gente de puntos muy diversos, así que nos encontramos allí, en la estación de Santa Justa. Salíamos de Sevilla dirección a Lagos, donde habíamos visto que había un camping aún libre. El problema fue que acabamos reuniéndonos más bien tarde que pronto, ya de noche. En Sevilla cenamos y cogimos camino ya casi a media noche. Teníamos unas tres horas de viaje, sin contar con la parada para activar el telepeape, puesto que esta zona sur de Portugal tiene sólo carreteras de este tipo.

Llegados a la antigua frontera, y habiendo repostado gasolina en España, ya que el precio del combustible está mucho más caro en el país vecino, nos paramos en el lateral de la autopista en el lugar señalizado para los extranjeros pagar el peaje. Si te lo saltas puedes pasar sin problemas, pero antes o después te pueden acabar pillando y teniendo en cuenta que ya las comunicaciones de circulación entre países cada vez es más fácil, es probable que te llegue una buena multa.
El peaje sólo se puede pagar con tarjeta de crédito o al menos esa fue nuestra experiencia. Esta opción consiste en asociar la matrícula del coche a la tarjeta y que pasen directamente los pagos ahí. De todos modos, hay otras opciones como el prepago o solicitar un aparatito de telepeaje, pero para nosotros fue esta la más cómoda.
Nos arriesgábamos a que si no funcionaban las máquinas o cualquier cosa no nos atendiera nadie porque eran las tantas de la noche, pero no tuvimos problemas. Si vais de día hay agentes que pueden ayudarte por si tienes cualquier duda.
Hecho esto, seguimos el viaje, yo como conductora lo único que quería era llegar casi al lado del camping. Sabíamos que íbamos a tener que dormir una noche al raso, porque a esas horas no nos abrirían para nosotros. Sin embargo, por unanimidad se decidió dormir a mitad de camino puesto que la carretera está llena de curvas y aunque íbamos muy bien, porque a esas horas no había gente, los pasajeros no podían dormir de los zarandeos del coche. Así que paramos a mitad de camino, cerca de Albufeira en Praia da Gale. Tiene un parking muy grande y nos permitía dejar el coche. Nuestra idea era dormir fuera del coche, pero el viente era muy fuerte, lo cual es algo muy a tener muy en cuenta de esta zona de Portugal.
Día 2: Lagos
Tras esa noche "toledana" de mal dormir, por fin continuamos dirección a nuestro campamento base: Orbitur Camping Park - Valverde. Personalmente el trato fue penoso en varios aspectos, pero fue económico y tenía espacio para dejar la tienda cuando todo lo que habíamos mirado alrededor era imposible y estaba lleno.
Una vez allí con la tienda lista, nos fuimos a dar una vuelta por Lagos. Esta ciudad tiene un aparcamiento gratuito muy cerca del centro, y desde ahí se puede llegar a la empedrada Rua Infante de Sagres desde la cual nos adentramos en la ciudad callejeando y disfrutando de todas sus calles. Aunque en realidad, es una ciudad muy turística, al menos en estas fechas de agosto.
Decidimos pasear por la zona, y aprovechamos para preguntar a las empresas que ofrecen diferentes servicios para ver las playas y sus precios. Nos convenció la idea de coger un kayak pero lo dejamos para el día siguiente.
Fuimos a Ponta da Piedade, donde está el faro de Lagos. Desde ahí se puede ir a más playas o dar un paseo a pie desde el cual se ve la costa y sus acantilados, como hicimos nosotros. Estábamos tan cansado que al finalizar cogimos algo en Intermarchè Super para cenar. Es un supermercado con una amplia variedad de platos cocinados, además de una amplia variedad de cosas como cualquier otra gran superficie.
Día 3: Burgau - Sagres - Cabo San Vicente
Al día siguiente madrugamos para ir a hacer nuestra ruta en kayak, pero tristemente la empresa donde habíamos preguntado junto al Forte da Ponta da Bandeira nos trató fatal echándonos en cara que no habíamos hecho reserva. El trato fue más bien impertinente dando a entender que no nos habíamos enterado bien de lo que nos habían dicho. Podría haber sido cierto que el idioma fuera un inconveniente, pero en este caso algunos de nosotros hablábamos portugués así que solo fue una mera excusa por su mala información.
Al final, reservamos para
el día siguiente con otra compañía diferente. Son bastantes las que hay en
esa zona y te dirán que están muy ocupados, pero creo que de un día a otro se
puede reservar sin problemas. Y los precios son todos por el estilo unos 35€/persona por unas 2h de trayecto.
Decidimos irnos a Sagres a comer, y de ahí, ir al cabo de San Vicente. Antes de llegar aprovechamos para hacer paradas en algún lugar como el Forte de Almàdena. No es una gran cosa, puesto que apenas queda nada del fuerte. Pero si vas con coche o caravana es un lugar perfecto para hacer noche. El lugar está apartado y se puede aparcar junto la fortaleza sin que apenas pase gente. De hecho, cuando llegamos había varias caravanas y furgonetas en ese plan.
Continuamos y paramos de nuevo en un pueblo precioso, Burgau. Este pueblecito aun siendo muy pequeño, nos encantó. Mantiene el aspecto pesquero pese al feroz turismo de la zona. Tiene callejuelas pequeñitas empinadas y mil rincones preciosos entre edificios blancos que parecían trasladarte a las islas griegas.
Seguimos nuestro camino y aparcamos en el parking que hay junto a la Fortaleza de Sagres. Desde ahí fuimos a la Praia da Mareta, donde algunos de nosotros se bañaron y otros se tomaron una sangría de vino blanco en el chiringuito de enfrente.
Más tarde, empezamos a buscar donde comer mientras nos adentrábamos en Sagres, pero nos decepcionó. No sé si es que no elegimos bien la zona por la que parar y pasear, pero sólo veníamos residencias. Empezamos a desesperarnos porque no había una típica calle de pueblo llena del bullicio de los turistas en las tiendas, bares, restaurantes y demás. Así que buscamos donde comer online y encontramos una buenísima sugerencia, el Restaurante Retiro do Pescador.
Como podéis ver por la reseña que dejamos y la puntuación del lugar disfrutamos mucho del sitio y en especial de la cataplana de pescado que es un guiso de pescado y marisco riquísimo.
Tras la comilona nos hicimos una ruta de 14 km en las proximidades al cabo San Vicente. Así bajábamos la comida y disfrutábamos de la zona considerada parte del Parque Natural do Sudoeste Alentejano e Costa Vicentina. Salimos del faro del cabo dirección el Fuerte de Beliche y aún continuando un poco más, llegamos a una carretera señalizada con velocidad máxima 50 km/h y 2t, ahí empezaba la ruta. Nos adentramos en el continente, pero al ser una ruta circular la vuelta era por el borde de los acantilados dirección al faro. Fueron cuatro horas de caminata y aunque no cuesta por lo llano del trayecto, sí que es una larga la ruta, así que llegamos ya casi de noche.
Pesábamos ver el atardecer, pero hubo nubes muy altas y no nos deleitó la vista con un atardecer de película. La vuelta por la costa es por la llamada Ruta Vicentina. Es una ruta que mucha gente hace a pie o con el coche acampando cada poco, del tipo "Camino de Santiago" pero mucho menos transitada y con poco lugar donde dormir si no es acampada libre... con lo que eso supone, ya que no está permitido.
De hecho, pudimos ver desde lo alto como la Praia do Telheiro tenía tiendas de campaña en un rincón pese a su mala accesibilidad y tener que dejar el coche en la parte alta del acantilado.
Llegamos al faro del cabo San Vicente ya de noche y con unos vientos que nos dejaron congelados. Así que llegamos al coche, hicimos alguna foto y volvimos al camping. Corría el mismo viento en el camping, de ahí que sea importante asegurar la tienda por los golpes de aire que la mueven.
Día 4: Playas Lagos - Silves
Habíamos reservado nuestra ruta en kayak a primera hora, a las 8:45h ya estábamos allí. Pero se retrasó la salida, aunque al final salimos con los kayaks desde la Playa de la Batata.
Rodeamos la costa de Lagos parando en la Playa del Camello o del Elefante, llamadas así por las formaciones rocosas que quedan en la costa. También visitamos algunas grutas sólo accesibles por mar, como la gruta de los Enamorados. La verdad es que eran todas preciosas, pero hay que admitir que el kayak cansas. No obstante, al haber tanto turista teníamos que esperar y hacer cola para poder entrar.
Nos pararon en una de las playas sólo accesibles por mar y nos dejaron un rato de baño. Apenas nadie se atrevió a bañarse. El agua de estas costas es tan fría como las del norte, al fin y al cabo son playas del océano Atlántico. Pero me bañé y disfruté con el equipo de esnórquel que nos dejaron viendo los erizos de mar, los pólipos y peces. He de decir que llevaba escarpines de playa, que para esta zona tan rocosa fueron esenciales para que me pudiera mover sin problemas. Al rato, volvíamos a Playa de la Batata, teníamos dos opciones o nos recogían en barco o volvíamos de nuevo remando.
En la tarde, decidimos ir a alguna de feria, porque en una fecha u otra de agosto, en los pueblos se celebra algún tipo de festejo. Y nosotros decidimos ir a Silves.
Silves es un pueblo de interior, con una fortaleza en lo alto y un puente romano. Celebraban una feria Medieval y el centro histórico lo cierran llenando las calles de lo que en otros sitios sería un "mercado medieval" sin mucha novedad. Supongo que, por eso, no me resultó nada llamativo el sitio. Pero a todos nos gustan estos eventos y disfrutar de los espectáculos de las calles, las gentes vestidas lo más medieval posibles, la comida...
Como llegamos pronto pudimos aparcar en las callejuelas colindante al centro que no estaban cortadas. Porque el centro del pueblo incluida la fortaleza la cortan para los coches. Además, se debe pagar una entrada, pero hay diferentes tipos de entradas según la modalidad (visita al castillo, visita a la feria con copa, entrada a un torneo de armas...) Nosotros elegimos la entrada al recinto cerrado (que incluía la fortaleza) y el acceso al torneo de armas.
Lo que más disfrutamos fue el torneo de armas. Era un espectáculo de lo más entretenido y divertido. Los actores además de la exhibición con caballos al estilo medieval y unas peleas con espadas muy coreografiádas, te hacían reír al involucrar al espectador con las historias que contaban en inglés y portugués.
Día 5: Retorno pasando por Faro
Recoger la tienda de campaña, prepararnos y salir se llevó gran parte de la mañana. Pero decidimos parar en Faro para desayunar y ver mínimamente la ciudad. Era el día de vuelta y volvíamos a tener un día duro y largo de retorno.
Elegimos un parking público del centro de la ciudad para dejar el coche cargado con todo, pero al llegar estaba lleno de "gorrillas" así que preferimos pagar el aparcamiento junto al puerto.
En Faro hicimos más bien poco, pero desayunamos muy bien a excepción de las esperas en Gardy una cafetería en pleno centro, con tradición pastelera. Después de esto callejeamos un poco, pero apenas nada y retomamos el camino a casa. Posiblemente esta ciudad hubiera sido interesante visitarla más a fondo. Pero a nada que quieres ir a más de un sitio los lugares son muchos y el Algarve tiene muchos rincones bonitos que ver.
Espero que este resumen de nuestras vacaciones os puedan servir para organizar vuestros propios viajes.
Sin más... gracias por leerme y,
¡¡si tienes cualquier sugerencia o comentario al respecto, no seas tímido y cuéntamelo!!


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