Japón 02 Shinjuku- Yoyogi- Roppongi

Empezamos la mañana con mucha gente en la habitación, pero en una hora rápida ya de nuevo en la calle. La primera parada del día es Shinjuku, para visitar el mirador de la Sede Central del Gobierno Metropolitano de Tokio, donde si hubiera habido suerte podría haber visto el monte Fuji, pero no ha sido así... Para mi que esa nube que cubre Tokio no es especialmente vapor de agua. 🤔

 

Como mi suerte no me acompaña esta vez, me senté a tomar aliento. En ese momento una china ni corta ni perezosa, se puso a mirar mi móvil y sonreír mientras mira las fotos que yo observaba. Y yo me pregunto... ¿¿no tendrá otra cosa mejor que hacer??

De un lado a otro me movía con el tren, que es menos lío que el metro. Además puedo mirar desde la ventana la ciudad y hay escenas de todo tipo: una madre abanica a su hija en este calor sofocante, o gente que mira su móvil como si viera sus dibujos manga.


Continuo la marcha hacia Shinjuku para ver a las Lolitas, chicas vestidas casi como muñecas. Sin embargo, aunque me recorro Takeshita Street, no veo ni una lolita, ni en la plaza frente a la estación ni nada. Alguna chica con pinta peculiar hay...pero es más cosa de las japonesas adolescentes, que de las tan esperadas lolitas. 

En este caso, decido ir dirección Hamamatsucho, donde he visitado primero el templo de Zōjō-ji que no resaltaba en nada especial ahora que empiezo a ver tantos templos budistas. Pero en sus proximidades hay una hilera de varias tandas de Jizos

Los Jizos son pequeñas esculturas que representan a niños muertos o abortados. Y cuyas familias que los han perdido, ponen estas esculturas en honor a ellos. Los adornan con unos sombreritos rojos, un babero normalmente rojo y un molinillo de viento. Son muy diversos entre ellos, parece se vea la personalidad de cada uno... como cada uno de nosotros, estas estatuas no son todas iguales.


El día se echa encima así que me dirigí a la Torre de Tokyo no muy lejos de donde estaba. Esta torre es casi igual a la de París, pero de color rojo y blanco.


Y ya en lo alto he podido ver como la noche cubría a Tokio. Así que  tras unas vistas llamativas me he ido directas a cenar al barrio de Roppongi, donde nos juntamos una amiga española y otra japonesa. De este modo la noche acabó muy internacional.

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