Carnavales!!!

Ha sido precioso recordar viejos momentos en una ciudad tan especial como Venezia, aunque mi viaje no se ha reducido a visitar Venezia, sí que ha sido el punto álgido del viaje. Nada más montar en el autobus el sueño se apoderó de mí, porque estar en Rebibbia a las 6:30 de la mañana no es fácil. Por tanto me perdí la tormenta de nieve que al parecer calló a nuestra salida de Roma, una de las únicas veces que nieva en Roma. Pero bueno el viaje mereció la pena, ya que todo lo que sea viajar, es un regalo sin igual. Fueron siete horas de trayecto y con ello a veces las piernas se resentían tanto que parecían más horas. Hicimos una parada en todo le viaje, es que Venezia está muy al norte con respecto a Roma. De todos modos me desperté en Verona, ciudad de Romeo y Julieta, donde los carnavales y los corazones que aludían al Día de San Valentín adornaban las calles. Desfiles de carruejes que flanqueaban la Arena de Verona (un anfiteatro del año 30 después de Cristo), niños disfrazados de todo lo imaginable, mofetas, mariquitas, osos... Las calles estaban repletas de gente, se notaba que era un fin de semana un tanto puntual. Mientras luchabamos contra las mareas humanas, conseguimos llegar a la casa de Julieta, donde antes de ver ese mítico balcón que todos conocemos, le precedía un pasillo repleto de mensajes de amor de todos los colores que no dejaban ver las paredes. Era gustoso de ver la pasión que tiene la gente a veces en plasmar sus sentimientos, aunque solo sea por aportar un escrito más en la pared. Y ya dentro del patio, como manda la tradición le toqué el pecho a Julieta, suena bastante mal pero ya que dicen que eso trae buena suerte, había que tocar, jajaja. La ruta por la ciudad fue corta, ya que el tiempo era limitado. Debíamos llegar al hotel de Jesolo, el Lido, pronto para la cena y la fiesta de disfraces. Y por supuesto... me disfracé... carnavales en Venezia obligan a eso como mímino. No usé un nuevo disfraz, usé el de caperucita... pero iba igual de bien que si lo hubiera estrenado ese día, además todo el mundo lo reconocía, llamándome caperucita roja en los disitos idiomas qu porulaban por ser un erasmus. Al día siguente la visita a Venezia era imperdonable, las calles estaban mil veces más abarrotadas que en Verona, pero lo que más resaltaba era ver a la gente de la propia ciudad disfrazados de típicos disfraces de época de Venezia con las máscaras. Obviamente era inevitable comprar una mascara veneciana, y por el precio de una me compré dos. La verdad es que no vi nada nuevo de la ciudad que no hubiera visto antes, pero el estar en ese momento del año allí era un regalo para mi. Dimos la típica vuelta por la ciudad, ver el Ponte di Rialto y de paso comprar una botella de Bellini, que al parecer es una bebida típica del lugar. Me encanta Venezia, es una ciudad que enamora, la novedad fue ver la Basílica se San Marcos por dentro, otra iglesia más y otro patrimonio cultural que hay que ver. Antes de volver, realizamos una divertida actividad todos los erasmus que fuimos, consistente en estar tres minutos parados en plena Plaza de San Marcos, poniendo una postura rara, lo gracioso era ver a los turistas, parados observándonos sin saber a que venía esto y para finalizar gritos y trompetillas sonaron sin igual como festejo de nuestra hazaña, que aunque simple fue divertida. Era difícil que casi 400 erasmus estuvierna quietos y callados durante tres minuntos, pero lo hicimos. Ya a la vuelta cogimos uno de los vaporetos que nos llevaba de nuevo al Lido, ibamos en tandas porque los 400 no estrabamos en uno solo. Con la comida a cuestas porque esa noche no nos tocaba cena en el hotel volvimos a nuestros aposentos, donde debido al cansancio, la fiesta de por la noche quedó un tanto escasa. Pero ahí no se quedaba todo, al día siguiente visitabamos Padova, una pequeña ciudad italiana, con sus cosillas, como la gran plaza circular con un riachuelo rodeándola por completo, il Prato della Valle. La pena fue el poco tiempo que teníamos, en dos horas comer y ver la ciudad no dejaba muchas opciones, asique poco puedo decir de la ciudad, pero por lo menos la visité. Y vi el primer jardín botánico reconocido en la historia, Orto Botanico. Finalmente volvimos a Roma, llegando al último metro y pudiendo en este caso llegar a casa para descasar, los que puedan... porque yo como siempre... la día siguiente me toca currar en el laboratorio, asique tan solo unas horas de sueño y a continuar la semana. La verdad es que la visita a Verona fue cortísima, pensando ya en la siguente parada, Jesolo, (El Lido) donde hacíamos noche todo el fin de semana, que además estaba cerca de los vaporetos de Venezia.
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