Ritornata a Roma

Por fin escribo desde Roma. Con un día de retraso en mi vuelo por la cancelación, debida supuestamente a la elevada cantidad de retrasos acumulada en todo el día del lunes. Y ¿como no?, aun así mi vuelo se retrasó, por lo cual llegué a casa a las once de la noche. Aun así solo se retrasó y no me lo volvieron a cancelar el vuelo. Salí a la hora que tendría que haber llegado a Roma y después... volver hasta casa fue todo un viaje entre espera de trenes, metro y calles roídas de Roma por las que las maletas no rodaban. Y claro, todo estaba cerrado asique ni Internet ni nada, una llamada a mi madre de por donde andaba y basta... deshacer la maleta y pa' la cama. Bueno, más o menos me he centrado, aunque aun quedan algunas cosillas como volver al laboratorio para iniciar la rutina y lo que más me interesa, sacar horas para estudiar.
Sin embargo puedo contar una de estas curiosidades de la vida y es que en el vuelo me hice amiga de un sacerdote. Bueno... más bien se hizo él amigo mío. Como el día anterior nos había pasado toda la movida de la cancelación, coincidí en la cola donde nos asignaban un nuevo vuelo con una familia argentina delante y una pandilla de curas detrás. Los curas empezaron a preguntar al aire sin dirigirse a nadie en concreto, qué pasaría ahora; y yo que estos días atrás había estado mirando estos temas les respondí. Entonces, a partir de ahí al día siguiente volvimos a coincidir en el mismo vuelo, me saludaron y a medida que me los encontraba me iban preguntando qué tal el día, donde había pasado la noche, y contándome que a ellos les habían pagado la compañía, la estancia en el hotel de la nacional dos, ese que se ve desde la carretera con una lámpara de cristal muy ostentosa. Bueno, en la cola para entrar al avión, los curas estaban desperdigados por toda la fila, ya que eran un grupo grande. Y cuando nos cambiaron de puerta en el último instante yo eché patas y corrí para ser de los primeros, porque estaba hasta las narices de esperar. Y en esas, que acabé justo delante de uno de los curas que el día anterior me habían estado preguntando que iba a suceder con la cancelación y a raíz de eso se me puso a hablar. Yo le contestaba educadamente, pero mi cansancio y lo poco que me gustan los curas me hacían intentar acabar la conversación; pero el tiempo de espera se alargó hasta el punto en que el cura no dejaba de preguntarme cosas. Tanto es así que luego acabó por sentarse junto a mí en el avión y eso que yo intenté huir. Lo que me apetecía era coger mi asiento, sentarme, ponerme los cascos y leer mi libro de genética tranquilamente. Pero no me dejó. Se pasó todo el rato hablando hasta que mis bostezos no pararon y me dio una tregua para dormir. Tan cansada estaba que me pasé dos horas de vuelo durmiendo. Cuando me desperté, el hombre me siguió contando anécdotas ya que aun quedaba media hora. Entre tanto me contó que es un fiel creyente de que todos somos hermanos e hijos de Dios, y por tanto está convencido de que todos nos tendríamos que conocer. Por lo cual, se había prometido hablar o iniciar una conversación con todo aquel que viera más de tres veces en algún sitio cotidiano, por ejemplo, en el tren, por la calle, la tienda donde habitualmente compras... En ese momento yo pensaba, en por que estaba hablando conmigo, si a mí solo me había visto, contando aquel momento, dos veces, pero debe ser que la situación de los aviones es especial. Y tanto es así que el hombre me llegó a dar una tarjeta con su nombre, dirección de trabajo (iglesia) y dirección de correo. Al final de nuestro trayecto el hombre me dijo que si quería que le escribiera diciéndole que tal me iba por Roma, y que tal mi proyecto. Y a ver si nos veíamos a mi vuelta. Porque para esas fechas él espera volver a Roma para otro congreso, asique a ver si coincidíamos de nuevo en el avión. Yo le aseguré que no sabía cuando volvería con exactitud, incluso le di a entender, nada sutilmente, que no soy nada creyente, pero el hombre no le importó nada de lo que le dije, e intentó tener un buen trato conmigo hasta que finalmente nuestros caminos se dividieron.
Asique carambolas de la vida, en uno de mis viajes a Roma, he conocido a un sacerdote, pero dirección a esta ciudad, tampoco es raro, ¿no?.
En cualquier caso, por fin estoy en ROMA!!!
Un beso enorme a todos, se os quiere, aunque esté lejos.
Yo tmb te quiero nuripeich!
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